Cuentos para niños de primaria

En México se está haciendo un gran esfuerzo por impulsar la lectura, así que los niños que asisten a la escuela primaria participan en un programa de lectura en el que deben dedicar de 20 minutos a media hora para leer en casa. Aquí te dejo una entrada más de la serie de cuentos para niños de primaria

Cuentos para niños de primaria

En esta ocasión te traigo una historia de príncipes, princesas y dragones, pero en este cuento nada es lo que parece… Olvídate del cuento típico y disfruta la historia de

EL PRÍNCIPE, EL DRAGÓN Y LA PRINCESA

Un cuento de Tania Ruíz.

«En un lugar que era un reino muy lejano

El príncipe, el dragón y la princesa se encontraron

No querían ser presos de un cuento tirano

Y a la búsqueda de sus anhelos se lanzaron»

El Cuentagotas observaba el bosque a través de su estanque de cristal. Poco a poco las hojas y los troncos de los árboles se transformaron en la silueta de un apuesto príncipe que cabalgaba sin saber que alguien lo vigilaba.

-¿Qué haces en esta parte del bosque? –preguntó el Cuentagotas sin esperar una respuesta. El estanque mágico no llevaría sus palabras a los oídos del jinete-. Estás muy lejos de tu castillo y la princesa que debes encontrar te espera en otra dirección.

El príncipe miró hacia los ojos del Cuentagotas como si hubiera escuchado sus palabras. El Cuentagotas se deslizó hacia atrás, sorprendido por la mirada del joven. Era imposible que lo hubiera escuchado. Tendría que investigar al intruso, eso lo ponía de mal humor.

Hacía miles de años que el Cuentagotas no salía de su gruta. Él era el último guardián del manantial de los anhelos y no le gustaba alejarse del lugar que debía proteger. La figura de venerable anciano con largas barbas, que tenía el Cuentagotas en ese momento, se transformó en una nube de gotas de rocío. Así se podía mover con mayor rapidez. Una parte de la nube de rocío se convirtió en un rostro arrugado, con nariz ganchuda y ceño fruncido. La nube avanzó veloz. El estanque mágico mostró una segunda silueta pero el Cuentagotas no la vio, ya había salido hacia el bosque.

El príncipe estaba inquieto sentía que alguien lo observaba desde el cielo pero, por más que extendía su mirada, no veía nada. Continuó su camino por el Bosque Perplejo, sin hacer caso a sus temores. Estaba atento a los sonidos del Bosque, tenía que encontrar el río que viene del mar, para seguir su cauce y llegar al manantial de los anhelos. Miles de gotitas de rocío, con forma de ojos, se deslizaban por las hojas de los árboles, vigilando al príncipe.

El corcel del príncipe se detuvo receloso. Un rayo anaranjado bajaba del cielo: el príncipe vio que se trataba de un dragón. ¡Un dragón que llevaba entre sus garras a una princesa! Las hojas de los árboles comenzaron a temblar, las gotitas de rocío se agitaban furiosas, el Cuentagotas no podía soportar la presencia de dos intrusos más.

El dragón aterrizó sin problemas en la copa de un frondoso árbol.

-Tendremos que caminar –le dijo a la princesa-, desde el aire no puedo ver el río que viene del mar.

-No tengo ningún inconveniente –contestó la princesa-. ¿Serías tan amable de dejarme en tierra firme? Caminar por las ramas de los árboles no es muy seguro. El dragón tomó a la princesa entre sus garras, sin hacerle daño, y la dejó en el suelo. Ninguno de los dos se había fijado en el príncipe, que los observaba divertido.

-¡Esto es lo más extraño que he visto! –dijo sonriendo-. Un dragón tiene entre sus garras a una princesa y yo no tengo que rescatarla.

-Caballero –dijo la princesa tratando de ser amable-, no todas las princesas queremos ser rescatadas. ¿Sería tan amable de informarme dónde está el río que viene del mar?

-¡Qué coincidencia! –Dijo el príncipe-. Yo también lo estoy buscando.

-Tenemos que encontrarlo antes de que oscurezca –dijo el Dragón-, no quiero provocar ningún incendio para alumbrar nuestro camino.

-Así que tenemos tres rebeldes que buscan beber una gota de mi manantial –dijo en un susurro El Cuentagotas.

Regresó a su gruta, en forma de gotitas de rocío no podía hacer nada contra aquellos intrusos, los esperaría custodiando la entrada al manantial de los anhelos.

El príncipe, el dragón y la princesa avanzaban en silencio. Para todos era extraña esa situación y ninguno quería ser el primero en explicar sus motivos para buscar el manantial.

Caminaban atentos al ruido del agua, el caballo fue el primero que la escuchó, guió a su amo ante el río esperado.

-El río que viene del mar, no podemos beber de su agua, como el río viaja al revés, para nosotros sería como retroceder en el tiempo: nos haríamos cada día más jóvenes hasta convertirnos en bebés.

-No tienes que dar explicaciones –dijo el dragón-. También conocemos las reglas, buscamos lo mismo que tú.

-¿Cuál es el secreto de tu corazón, príncipe? –preguntó la princesa.

-Eso es, si me disculpa, algo que no le diré a una desconocida.

Las mejillas de la princesa se pintaron de rojo, era la primera vez que alguien le contestaba de esa manera. Toda su vida la había pasado en el castillo, rodeada de sirvientes que contestaban cualquier pregunta, ahora un príncipe le hacía ver que era una impertinente. ¡Y ella que se sentía tan perfecta! La princesita, en silencio, caminó.

El dragón volaba sobre el río, pensaba en el secreto de su corazón, él no sabía si la magia del manantial funcionaba con dragones, pero sí conocía su anhelo más profundo: quería vivir tranquilo, sin tener que pelear con cada caballero que buscaba fama y fortuna. Estaba cansado de tener que ser el malo. Él siempre quiso cantar, claro que no podría cantar con público, porque cada vez que daba un agudo una llamarada salía de su boca. Y él no quería quemar a nadie. Le bastaba con vivir en paz.

El príncipe pensaba en la pregunta que le hizo la princesa, no le respondió porque no conocía la respuesta: unos días creía que el anhelo de su corazón era ser el más valiente príncipe del mundo y vivir grandes aventuras, en otros momentos sólo quería diversión.

La princesa sabía lo que no quería: no quería casarse con un desconocido y ser feliz para siempre. Esperaba que con eso fuera suficiente para que el manantial le concediera una gota de su agua. La leyenda decía que, si lograbas encontrar el río que viene del mar, llegarías al manantial de los anhelos y podrías tomar una gota de su agua mágica, siempre que conocieras el secreto de tu corazón, esa gota te liberaría de todos tus problemas dándote la vida que anhelabas.

Antes de llegar al manantial, tendrías que mirar hacia adentro.

El Cuentagotas observaba a través de su estanque de cristal, veía el camino que habían recorrido para llegar al río, los tres viajeros habían soportado diversas pruebas, el príncipe resistió gracias a su perseverancia, el dragón gracias a su fuerza y la princesa gracias a la inteligencia. ¿Tendrían el valor de mirar hacia adentro? El Cuentagotas lo descubriría en cualquier momento.

Los viajeros avanzaban rápido. Pronto llegarían a la gruta.

El Cuentagotas se transformó en una cascada que impedía el paso al interior de la caverna. Así los esperaría. El río que viene del mar se hacía más estrecho a cada paso que daban los viajeros, pronto se convertiría en un hilillo de agua.

El terreno era cada vez más escarpado y sinuoso. La princesa avanzaba con dificultad, su vestido real se atoraba en las raíces de los árboles y varias veces estuvo a punto de caerse.

-Lo que más deseo es usar otra ropa –dijo enojada-, este vestido funciona en la sala del palacio, se ve precioso bajo el resplandor de la lámpara, pero yo no quiero ser un objeto decorativo.

-¿Tan sencillos son tus anhelos, princesa? –Dijo el príncipe-. Para lograr un cambio de vestuario no necesitas beber del mágico manantial.

-Llegamos al final de nuestro camino –dijo el dragón desde el aire-, adelante hay una inmensa montaña y el río llega hasta una violenta cascada.

Cuando el príncipe y la princesa vieron la caída del agua, se quedaron maravillados, era un espectáculo asombroso: la cascada era un arco iris de numerosos colores, el agua formaba diversas imágenes: caras de humanos felices daban paso a gestos de dolor y tristeza, animales terrestres se convertían en monstruos alados que dominaban el aire; aldeas que se destruían, castillos que se levantaban sobre verdes campos.

-¿Tendremos que atravesar por ahí? –preguntó la princesa.

-Sí, es el único camino, vamos –dijo el dragón volando al ras de la tierra, cerca de una pequeña flor. El dragón no quería caminar y lastimar con su peso la hierba silvestre.

-Yo voy primero –dijo el dragón-, si algo sale mal, ustedes podrán regresar sin daños.

El príncipe y la princesa intentaron detenerlo pero no pudieron hacer nada, el dragón avanzó decidido.

En la cascada se formó la cara del Cuentagotas, anciana y venerable, los ojos expresaban la sabiduría de todos los tiempos, la nariz ganchuda se arrugó en una mueca de disgusto, la comisura de la boca se frunció expresando desaprobación.

-Nos volvemos a encontrar, legendario amigo –la voz era áspera y profunda-. Aunque la última vez que estuviste aquí eras un hombrecillo asustadizo que buscaba poder.

-Aprendí mi lección, Gran Mago, al principio fue divertido tener esta forma, asustar a los hombres y acumular riquezas – dijo el dragón, empequeñecido de pronto-. Durante mucho tiempo olvidé que fui un hombre.

-¿Cuál es el anhelo de tu corazón? -Vivir en paz.

-¿Tienes el valor de mirar hacia adentro? –preguntó el Cuentagotas. -Tengo el valor.

La cara del Cuentagotas se fue estirando, desaparecieron todos los bordes del rostro y el agua parecía un espejo.

El príncipe y la princesa no podían ver lo que el dragón vio reflejado en la superficie de la cascada: un niño que corría en el campo acompañado de su querida mascota. Ese era el anhelo del corazón del dragón, vivir feliz, vivir en paz. El dragón entró en el espejo, la cascada recuperó su forma de rostro de Cuentagotas.

-¿Quién es el siguiente? -Las damas primero –dijo el príncipe.

La princesa lo vio con un destello de rabia. Se enfrentó a la cascada.

-¿Cuál es el anhelo de tu corazón?

-No quiero ser una princesa que viva encerrada en su castillo.

-Esa no es la respuesta que abrirá mis puertas. El manantial de los anhelos no es para ti princesa.

La princesa no lo podía creer, sin saber que hacer se sentó a esperar, si el príncipe atravesaba la cascada tendría que hacer el camino de regreso sola.

-¿Cuál es el anhelo de tu corazón? El príncipe se quedó pensativo, sin saber qué responder.

-¿Conoces la respuesta que abrirá mis puertas?

-No.

-El manantial de los anhelos no es para ti.

La cascada se convirtió en un remolino entró en la gruta y la montaña cerró la puerta hacia su interior. El río desapareció. Todo quedó en silencio, el príncipe y la princesa se encontraban entre una inmensa montaña y un espeso bosque.

El caballo relinchó rompiendo el silencio.

-Tendremos que empezar de nuevo –dijo el príncipe-, hay que caminar hasta encontrar el río, cuando eso suceda tendremos una segunda oportunidad.

-Comencemos la búsqueda –dijo la princesa-. Pero no la del río, primero hay que encontrar nuestros anhelos.

El príncipe sonrió. La princesa y él emprendieron la marcha. En el interior de la caverna, el Cuentagotas podía ver a los viajeros en su estanque de cristal.

-Algún día nos volveremos a encontrar –le dijo a las figuras que se desvanecían. El estanque mostró a un niño jugando feliz.

-No olvides tu anhelo cuando crezcas, legendario amigo.

El príncipe y la princesa avanzaban esperanzados, algún día beberían del manantial.

FIN

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Cuento para niños pequeños

Esta es la historia de Samael, un ratón pequeño que quiere crecer, pero que se comparta como un niño pequeño, berrinchudo y dependiente.

¿El abuelo de Samael logrará que su nieto pueda crecer?

Cuento para niños pequeños

Samael, un ratón que quiere crecer

Samael es el más pequeño de una familia de ratones, tiene 20 hermanos y 10 hermanas, todos lo quieren mucho y lo cuidan porque es el bebé de la familia. Antes, Samael se sentía feliz de recibir tanta atención, pero el tiempo pasó, todos sus amigos ya salen solos en cambio, Samael, tiene que ir al campo acompañado de sus hermanos mayores.

-¿Mamá cuando vas a tener otro hijo? -le preguntó Samael a su mamá durante una tarde lluviosa de julio.

-Ya no voy a tener otro hijo Samael -contestó su mamá-. ¿Para qué quieres otro hermano si ya tienes muchos?

-Sí, pero todos son más grandes que yo, quiero un hermano menor, porque ya soy grande.

La mamá de Samael sonrió, abrazó a su hijo y le hizo cosquillas con sus bigotes.

-Te quiero hijo, vete a jugar y disfruta este momento, ya tendrás mucho tiempo para ser grande.

Samael se fue decepcionado sintiendo que, para su mamá, también era un bebé.

El abuelo de Samael estaba disfrutando de un delicioso queso añejo en la terraza de la casa, la lluvia caía, pero el sol comenzaba a salir, el arcoiris aparecería en cualquier momento.

-Te ves decaído, Samael, ¿qué te pasa? –preguntó el abuelo relamiéndose los bigotes.

-Quiero ser grande, pero siempre seré el más pequeño de la familia. Todos me tratan como un bebé y ya no soy un bebé.

-Si quieres ser grande y que te traten como grande, debes comportarte como ratón grande.

-No te entiendo abuelo.

-Es muy sencillo Samael, te voy a poner un ejemplo, ¿qué haces cuando tienes hambre?

-Le digo a mi mamá que me de un pedazo de queso por favor.

-¿Y qué hace tu hermano Gael cuando tiene hambre?

-Va por un pedazo de queso -dijo Samael pensativo.

-¿Qué haces cuando quieres un libro que está en el estante?

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-Le pido a mi mamá que me lo de porque yo no alcanzo.

-¿Qué hace tu hermana Rosita?

-Se sube en un banco porque ella tampoco alcanza el libro.

-¿Te das cuenta de la diferencia?

Samael pensó un rato, sus ojos se iluminaron y sonrió.
-Sí, abuelo, ya entendí. Si dejo que los demás hagan todo por mí siempre me van a ver como al pequeño bebé de la casa, pero si comienzo a hacer las cosas por mí mismo, entonces seré un hermano más y no sólo el hermano menor.

-Muy bien Samael. Puedes pedir ayuda y debes tener cuidado con las acciones que pueden lastimarte, claro que no vas a hacer todo solo, pero debes comenzar a realizar pequeñas actividades sin pedir apoyo a los demás.

-Te quiero mucho abuelo.

Samael abrazó a su abuelo, a partir de ese día dejó de portarse como un bebé, no hizo berrinche, ayudó en la casa como sus hermanos mayores y su mamá hasta lo mandó a la casa de Doña Micaela ¡solo!.

Samael fue muy feliz, quería crecer y lo estaba logrando.

FIN

Cuento de vampiros

Los cuentos de vampiros atraen a chicos y grandes, quizá porque a todos nos gustaría ser inmortales. Vivir para siempre suena fantástico, pero también es un poco triste y solitario porque todas las personas que amas se morirían.

Imagina por un momento ¿qué harías si supieras que un vampiro de verdad está cerca de ti? ¿Intentarías matarlo a pleno día cuando es más indefenso o preferirías que te convirtiera en vampiro a ti también?

El protagonista de este cuento sabe muy bien lo que tiene que hacer. Te invito a leer la historia y a dejar tus comentarios.

Cuento de vampiros para niños de primaria

Qué extraño (un cuento de vampiros)

Sergio fue a jugar a mi casa ayer, comimos pizza y tomamos mucho refresco, es muy raro porque mi mamá no me deja comer eso, dice que son cochinadas.

Me pareció extraño que me diera permiso de jugar videojuegos, mi mamá es muy estricta con las reglas: primero la tarea, luego los juegos. Pensé que si mi mamá me daba tantas libertades era porque había un invitado en la casa, así que aproveché el día: comí mucho, jugué más y lo mejor ¡no hice la tarea!

Aunque ahora, castigado con este trabajo de escribir algo y viendo a mis amigos disfrutar del recreo, ya no parece buena idea. Así que tengo que escribir un cuento, no va a ser tan difícil, ni siquiera tengo que inventar la trama, voy a escribir sobre la realidad porque desde hace unos días pasan cosas extrañas en mi casa.

Estoy seguro que nadie me va a creer, pensarán que sólo es la imaginación de un niño que ve mucha tele y lee historias de terror, pero todo lo que voy a contar es verdad. Pura verdad.

“Mi vida era completamente normal, como la de cualquier niño, ir a la escuela, hacer la tarea, jugar, pelear con mi hermano, comer y dormir (también ir al baño, pero no estoy seguro si todo eso se pone en un cuento, en las historias que leo nadie va al baño, parece que los superhéroes o los monstruos no tienen esas necesidades, los monstruos no tendrían porqué ir al baño pero los superhéroes… en fin, eso será discutido en otra ocasión); mi papá se iba a trabajar, mamá trabajaba en la mañana pero pasaba toda la tarde con nosotros.

Hace tres días todo cambio.

El lunes mi mamá nos despertó tarde, salimos corriendo hacia la escuela y ¡no nos puso lonche! Eso sí, nos dio dinero para que compráramos algo en el recreo. Los ojos de mi mamá estaban muy rojos, como si hubiera llorado toda la noche. A la salida esperamos a mi mamá en la esquina, pasaban los minutos y no llegaba. Mis amigos se iban con sus papás y la escuela se quedaba sola, mi hermano casi se pone a llorar, como soy el más grande lo tuve que consolar, le explique que mi mamá no tardaría en llegar, que no se asustara.

-¿Y si ya se olvidó de nosotros? –preguntó muy triste.

-Claro que no –le contesté-, es más fácil que la secuestren unos extraterrestres a que se olvide de sus hijos.

Nos pusimos a discutir sobre todas las cosas por las que a mamá se le pudo haber hecho tarde, lo hicimos sólo para matar el tiempo y no sentirnos tan abandonados. Vivimos en una ciudad muy grande y no podíamos irnos solos a la casa.

Después de veinte mil horas mi mamá llegó (ella dice que sólo fueron 20 minutos), estaba muy pálida, tenía puestos unos lentes oscuros y dijo que le dolía la cabeza con tanto sol.

A la hora de la comida y cuando hicimos la tarea mi mamá estaba como zombi, se movía y hacia todas las cosas comunes, darnos de comer y ayudarnos con alguna pregunta difícil, pero sus ojos veían hacia adentro, estaba como perdida en sus pensamientos o en otro mundo. En todo el día mi mamá no comió, ni siquiera una fruta.

En la noche mi papá no llegó a dormir.

por las barbas

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El martes por la mañana mi mamá se veía fatal, salió desarreglada, quejándose de todo y regañándonos a mi hermano y a mí por cualquier cosa. Algo estaba convirtiendo a mamá en un monstruo. Ya conté lo que pasó ayer.

En la noche discutiré con mi hermano ya sé que le pasa a mis papás. ¡Se están convirtiendo en vampiros!

Están todas las señales: mi papá no aparece, seguramente él fue el primero en ser mordido y ahora ya debe tener su sarcófago en algún cementerio de la ciudad.

No creo que se acuerde de su familia, ya llevo tres días sin verlo. Mi mamá está a punto de ser un vampiro, no soporta la luz del sol, ya no come, tiene los ojos rojos. Lo que más me preocupa es que se le olvide que nosotros somos sus hijos y nos clave sus poderosos colmillos, chupándonos hasta desangrarnos.

Quizá sea buena idea conseguir ajos, cruces y una estaca. Soy un niño inteligente, sé muy bien cómo se acaba con los vampiros.

FIN

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